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La Comèdia d’enguany

Alternativa | 03 Agost, 2008 06:00 | facebook.com twitter.com

Encara que ha obert el seu propi blog  Toñi no ens ha abandonat i ens ha enviat aquest article, la il·lustració sempre és una bona referència.

 

Avui toca classe de literatura. Al segle XVIII, Leandro Fernández de Moratín, publicà i estrenà una obra titulada La comedia nueva o El café. L’argument és molt senzill: Un autor dramàtic, la seva família i els seus amics dinen a un cafè prop del teatre on s’estrena la seva primera comèdia. Més tard, després de la representació, que resultà un fracàs, tots tornen al cafè i se resignen a la pèrdua de les il·lusions. Don Eleuterio, l’autor, és el compedi de tots els autors dolents que escrivien en aquella època, i la seva comèdia, un monstre, amb totes les extravagàncies que es representaven llavors.

La pregunta és: a quina comèdia, estrenada recentment a Pollença, es poden aplicar totes les frases que venen a continuació, i que es troben, literalment, a l’obra de Moratín? Ah! Puc opinar amb coneixement de causa, perquè hi vaig anar... (En Pere de la Punta m’ho va posar com a deures)

DON ANTONIO.-  ¡Viva! Pero, hablando de otra cosa, ¿qué plan tiene usted para esta tarde?

DON PEDRO.-  A la comedia.                            

DON ANTONIO.-  ¿Supongo que irá usted a ver la pieza nueva?

DON PEDRO.-  ¿Qué, han mudado? Ya no voy.

DON ANTONIO.-  Pero ¿por qué? Vea usted sus rarezas.  

 DON PEDRO.-  ¿Y usted me pregunta por qué? ¿Hay más que ver la lista de las comedias nuevas que se representan cada año, para inferir los motivos que tendré de no ver la de esta tarde?

DON ANTONIO.-  De suerte que, o es buena, o es mala. Si es buena, se admira y se aplaude; si, por el contrario, está llena de sandeces, se ríe uno, se pasa el rato, y tal vez...

DON PEDRO.-  Tal vez me han dado impulsos de tirar al teatro el sombrero, el bastón y el asiento, si hubiera podido. A mí me irrita lo que a usted le divierte.  Usted es el protector nato de todas las ridiculeces. Al paso que conoce usted y elogia las bellezas de una obra de mérito, no se detiene en dar iguales aplausos a lo más disparatado y absurdo; y con una rociada de pullas, chufletas e ironías hace usted creer al mayor idiota que es un prodigio de habilidad. Ya se ve; usted dirá que se divierte, pero, amigo...

DON ANTONIO.-  Sí, señor, que me divierto. Y, por otra parte, ¿no sería cosa cruel ir repartiendo por ahí desengaños amargos a ciertos hombres cuya felicidad estriba en su propia ignorancia? ¿Ni cómo es posible disuadirles?...

[…]

DON PEDRO.-  Vamos; no hay quien pueda sufrir tanto disparate.  (Se levanta impaciente, en ademán de irse.)

DON ELEUTERIO.-  ¿Disparates los llama usted?

DON PEDRO.-  ¿Pues no? 

DON ELEUTERIO.-  ¡Vaya, que es también demasiado! ¡Disparates! ¡Pues no, no los llaman disparates los hombres inteligentes que han leído la comedia! Cierto que me ha chocado. ¡Disparates! Y no se ve otra cosa en el teatro todos los días, y siempre gusta, y siempre lo aplauden a rabiar.

DON PEDRO.-  ¿Y esto se representa en una nación culta?

DON ELEUTERIO.-  ¡Cuenta que me ha dejado contento la expresión! ¡Disparates!

DON PEDRO.-  ¿Y esto se imprime para que los extranjeros se burlen de nosotros?

DON ELEUTERIO.-  Pues a este caballero le ha parecido muy bien lo que ha visto de ella.  (Señalando a DON ANTONIO.)

DON PEDRO.-  A ese caballero le ha parecido muy mal; pero es hombre de buen humor y gusta de divertirse. A mí me lastima, en verdad, la suerte de estos escritores, que entontecen al vulgo con obras desatinadas y monstruosas, dictadas más que por el ingenio por la necesidad o la presunción. Yo no conozco al autor de esa comedia ni sé quién es; pero si ustedes, como parece, son amigos suyos, díganle en caridad que se deje de escribir tales desvaríos; que aún está a tiempo, puesto que es la primera obra que publica; que no le engañe el mal ejemplo de los que deliran a destajo; que siga otra carrera, en que por medio de un trabajo honesto podrá socorrer sus necesidades y asistir a su familia, si la tiene. Díganle ustedes que el teatro español tiene de sobra autorcillos chanflones que le abastezcan de mamarrachos.

 Leandro Fernández de Moratín
 Autor:Francisco de Goya y Lucientes  (Segueix)
 
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